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13 de noviembre de 2009

Sinceramente...

Alterada, atacada.
¿Será verdad?
Las dudas se acercan a la ventana de nuestros ojos, que esperan, entrecerrados, que todo sea mentira, que al parpadear, todos los miedos desaparezcan, que sea, sólo por esta vez, a uno mismo al que le toque algo bueno.
¿Será real?

Porque somos incapaces de creernos capaces de sentir y disfrutar lo bueno, pensando, como siempre, que todo terminará torcido o retorcido, de manera que lo que estamos viendo, sintiendo, que lo que nos está emocionando, terminará en una catástrofe insalvable.
No lo veo.
Somos capaces de juzgar a los demás según nuestras propias reglas del juego, pero ¿Quién nos juzga a nosotros? Esta bien decir que no juzgamos, pero mentimos, quizá, porque esa sea una parte que queremos demostrar y mostrar a los demás, pero no podemos engañarnos, el juicio lo llevamos en el interior, queramos admitirlo o no. Nada es bueno o malo, somos nosotros los que lo juzgamos así.
Las reglas.
¿Quién las sabe? ¿Quién las establece? ¿Son tus reglas mejores o peores que las mías? ¿Y porque no pueden tener el mismo valor? ¿Eres mejor que yo o yo soy mejor? Tanta competitividad, cansa. Eres lo que eres, soy lo que soy. Aceptación, nunca aceptamos a nadie completamente, siempre hay condiciones o estados que no toleramos, que nos cansan de los demás. Pero esta mal decirlo.