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10 de junio de 2009

Lo que pasaba por su cabeza.


Como cada tarde, se acercaba a la ventana, cuidadosamente tiraba del hilo que hacía que se abrieran las cortinas para dejar pasar la luz.
Llevaba un jersey de lana, de manga corta y escote amplio, no tenía frío, pero aún así, cuando el sol le cubrió la cara, cerró los ojos, y sintió ese estremecimiento que señalaba que todo empezaba.

A su mente acudían imágenes, recuerdos de la playa, recuerdos con mucha luz. Se veía a sí misma, unos meses antes, cuando toda su vida estaba encaminada, todo tenía sentido, no había ventana, sólo luz.
Podía recordar exactamente como era su casa, incluso podía oler su ambientador, ese que tiene el olor a aquellos chicles de la infancia con forma de melón, un olor fuerte y dulce, pero que le hacía sentir en su hogar.
Su hogar estaba a mucha distancia, la había abandonado, dejando allí parte de lo que fue su vida, ni si quiera había tenido tiempo de amueblar su hogar, toda la ilusión se difuminaba ahora desde la distancia.
Había amontonado cajas en el salón, con la idea que tenía tiempo y tranquilidad para, poco a poco, ordenar todo aquello.
Sus pertenencias, un sofa y miles de cajas llenas de recuerdos. El resto de cosas habían sido regalos de la familia y amigos; la mesa, su hermana - a la que tenía que llamar - la mesa plegable de la cocina, Carmen ... y así el resto...
Con una sonrisa recordó el brindis que hicieron todos juntos -con el vino espumoso de Estivella que tanto le gustaba - por el futuro hogar...

Futuro... ahora sí abrió los ojos, ¿Qué futuro?