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29 de mayo de 2009

El chico de la ventana

Todas las tardes, al llegar del trabajo, preparaba el café, lo dejaba reposar en la mesilla, y mientras, allí estaba ella, tan perfecta, tan especial y ella sin saberlo.
La veía, todos los días, incluso pensé en que llegué a conocerla, era una amiga en la que podía confiar.
Desde mi ventana, le contaba en susurros que desde hacía tiempo me encontraba solo, pero ella me había dado fuerza, me hacía compañía en la distancia, ya no tomaba mi café solo.

Ella se posaba frente al cristal, guiñándole un ojo al sol, que, pausadamente, se posaba sobre ella, y entonces ella cerraba los ojos, trasportándose hacia el infinito, allí donde me encontraba. Y ella no sabe cuánto bien me ha hecho.
Llegué a pensar en amor, pero era una locura, quedába conmigo todas las tardes sin saberlo y me ha dado más que cualquier otra persona, pero ella no lo sabe.
Ella no sabe nada de esto, nada de lo que me ha llegado a decir sin ni si quiera abrir la boca, ni mirarme...
Es mi chica de la ventana.
Todas las tardes, sin falta, mi cafe y mi chica de la ventana.
Hace unos días que no sale a la ventana. Mi cafe se queda frio mientras espero, en mi ventana.
La ausencia de rayos de sol me presagia la existencia de una fuerza que está a punto de desgarrar mi mundo y mi ventana.