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1 de marzo de 2009

¿Y si eres tu el que no sabe escuchar?



Darle vueltas a lo mismo.
Darte cuenta antes que los demás, pero no poder decir nada.
Sentirte identificada con cualquier critica, con cualquier comentario.
¿Y qué más da?
La gente espera un cien por cien de ti, que siempre estés, que siempre estés dispuesta a sus planes, que siempre tengas una maravillosa sonrisa en la boca, que cuentes cosas buenas y que siempre hagas reír; aunque tu por dentro estés hecha pedazos.
Pero las cosas son así, hay que aprender a soportar a los demás, pero, cuando tu intentas plantarte ("Ya esta bien de ser la buenaza"), no entienden que, hasta llegar a ese punto, tu has pasado por mil curvas, por miles de quebraderos de cabeza, por un sinfín de emociones.
Pero siempre eres tu la que lo hace todo mal, todo el mundo tiene quejas de ti, de tu comportamiento, de lo que has hecho o dicho o de lo que no haces o dices. Siempre eres para ellos, la opción fácil, a la que la vida le sonríe, la que lo tiene todo fácil, vamos, que para ellos, tu vida es un camino de rosa y tus "preocupaciones" son "chorradas" que en su mente se presentan como juegos mentales con los que pasar el rato.
En fin, siempre igual. Cuidado con decir lo que realmente piensas, o sientes, que tienes veto. De repente estas hablando ante un tribunal compuesto por la imagen que la otra persona tiene "idealizada de ti", por sí misma y por sus propios principios. Esta claro que pierdes el juicio.
Por eso valoro a la gente con la que se puede ser uno mismo. Son difíciles de encontrar, pero muy buenos cuando los tienes al lado. Te ayudan, te aconsejan sólo si se lo pides, pero lo mas importante, te escuchan y empatizan contigo. Saben ver más allá de las palabras y no juzgan en ningún momento tus sentimientos, que al fin al cabo, es de lo que les estás hablando.